Concurso de relatos colectivos de la Biblioteca Pública de Zamora

Bases concurso

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Fecha límite: 24/07/2014

Le toca a: -

Puntos de cohesión:
Punto 1. Un periodista becario en TVE se cuela en el despacho donde le dicen que vive Jordi Hurtado. Alertado por unos pasos que se acercan, se esconde en un armario en el que encuentra una carpeta con un título que va a cambiar su vida.

Punto 2. El contenido de la carpeta 'Versiones desechadas' le revela que Jordi Hurtado está congelado y que su ADN sirve para crear androides idénticos.

Punto 3. La puerta del despacho se abre y reconoce la voz del propio Jordi y la de Juanjo Cardenal. A través de la cerradura del armario los ve muy jóvenes y que llegan de grabar un programa de 1987.

Punto 4: Cuando Jordi y Juanjo advierten que el becario ha descubierto el plan de la tele para engañar a la audiencia, lo facturan en el tiempo a través del armario-máquina.

Regreso al futuro

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A un lado del pasillo, el plató de Informe Semanal y al otro, las cabinas de sonido e imagen. Justo al final, como en un túnel del tiempo, se encontraba un pequeño despacho que nunca vi abierto. “Ahí vive Jordi Hurtado”, decían mis compañeros. Por eso abrí la puerta, a escondidas, pero no estaba preparado para algo así. Me pudo la curiosidad. No es que me gustase cotillear entre las pertenencias de nadie, pero ver aquel saco de dormir en el suelo, un traje sin planchar colgado de una estantería y aquella fotografía enmarcada con la leyenda de "empleado del mes. Septiembre, 1999", me produjo una enorme tristeza. Creía que la tele pública tenía más glamour. Mis ojos se posaron en cada detalle del lánguido despacho. No quería tocar nada y quería recordarlo todo. De pronto, unos pasos me sobresaltaron. "Si me pillan aquí, adiós beca" pensé y me escondí en un armario. Dentro encontré lo que todo periodista en prácticas busca. El título de aquella carpeta iba a cambiar mi vida, aunque yo aún no lo sabía.
"Versiones desechadas" rezaba la etiqueta adhesiva de la gruesa carpeta archivadora. Pero lo que realmente me impulsó a abrirla fueron los múltiples sellos de "confidencial" que presentaba .Su interior estaba clasificado en apartados que correspondían a los presentadores más emblemáticos, o para ser exactos, distintas versiones de los mismos.
Me quedé helado al llegar al apartado de Hurtado. Allí había prototipos de Jordi, diferentes versiones creadas para mantener el concurso de "Saber y Ganar" de manera perenne. Ojeando rápidamente descubrí que el original estaba criogenizado, y usaban su ADN para hacer androides idénticos.
Los pasos concluyeron y la puerta se abrió. Era él...
 No venía solo. Reconocí la voz de Juanjo Cardenal. Hablaban del premio record del programa: 30.000 Kms. y 260.000 pesetas.
"¿Kilómetros, pesetas...?". No entendía nada. Miré por la cerradura del armario. Estaban jovencísimos, pero lo que me quedó petrificado fue la carpeta que sostenía Jordi: "Si lo sé no vengo, programa nº 138. 2 de abril de 1.987"

Embobado por todo lo visto desde que osara inmiscuirme en el universo Hurtado, dejé caer la carpeta. El pánico me devoró. Las puertas se abrieron inmediatamente, y los rejuvenecidos presentadores, blancos como la cal, se abalanzaron sobre mí y me tumbaron sobre el suelo, al tiempo que me preguntaban una y otra vez qué había conseguido averiguar.
Tumbado como estaba, sin poder mover ni una pestaña y sonriendo como siempre, pregunté tranquilamente:
"Por 25 pesetas, instrumentos musicales que pueden formar parte de una orquesta sinfónica... Un-dos-tres responda otra vez..."
Hurtado levantó la pernera de mi pantalón: calcetín negro; la otra pernera: calcetín rojo...
 Te crees muy listo, dijo el que parecía Jordi Hurtado original. Mira, con esas probetas garantizamos la supervivencia de la tele pública. De ellas sacamos decenas de androides que disfrazamos de otros presentadores, tienes que entenderlo, así es más barato.Y, ahora que sabes nuestro secreto, te llevaré a 1972. Luego acabaremos contigo. A no ser.., - ¡Que lo convirtamos en un clon más! ¡Jajaja!
No podía creer que el sabio de Saber y Ganar tuviera una risa tan malvada y fantasmagórica. Y allí estaba yo, entre Jordi Hurtado y Juanjo Cardenal, a punto de entrar de nuevo en el armario, cuya verdadera función era llevarnos quién sabe cuántos años atrás en el tiempo.
 Ya dentro, Jordi pulsó un interruptor, encendiendo una intensa luz y descubriendome que lo que había tomado por un armario, era en realidad un habitáculo, con otra puerta enfrente, por la que me hicieron salir a empellones para encontrarme en mitad de un corredor, con cientos de puertas similares identficadas con un año y el nombre de un programa.
Según avanzábamos por el infinito corredor, me comentaban que, al realizarse en cada puerta programas infinitos, estos generaban beneficios infinitos, los cuales sustentaban la televisión pública. Nos paramos de sopetón en la puerta del Un Dos Tres, 1972.
Hurtado, con su malévola sonrisa, me empujó adentro; quería que me reencontrara con mi abuelo.
 ¡Mi abuelo Kiko, al que siempre me quise parecer, delante de mí, tal y como lo recordaba de pequeño!
-Luis, yo deseaba un brillante futuro para ti en TVE, pero tu vida ha cambiado de repente. Ahora ya conoces el secreto de los grandes concursos de esta casa y no te podemos dejar ir por las buenas. Tendrás que ser uno de nuestros clones. Eliges tú...
 ¿Elegir? “Abuelo, de poder elegir escogería que nada de esto hubiera ocurrido”, quería decirle, pero no podía articular palabra. Un momento, quizá sí fuera posible… Si esto es una máquina del tiempo, ¿no podría yo volver al instante en que estaba en aquel pasillo y que esta locura nunca hubiera sucedido?
“LUIS LARRODERA, 10’ Y GRABAMOS”
Luis, despabiló y dejó la carpeta en su lugar.
Demasiados años, demasiados silencios, pero desvelar el secreto mejor guardado de la tele ahora no tenía sentido. El público es exigente y conservador y él no tenía ningún interés en ser héroe. Le bastaba con seguir siendo Luis Larrodera.

¡El concurso se ha acabado!

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